viernes, 1 de abril de 2011

EL MARTIR DE LAS CATACUMBAS

El Mártir de las Catacumbas
por Richard L. Roberts

Prefacio
Capítulo 1: EL COLISEO --- Cruel carnicería para diversión de los romanos.
Capítulo 2: EL CAMPAMENTO PRETORIANO --- Cornelio, el centurión, varón justo y temeroso de Dios.
Capítulo 3: LA VIA APIA --- Sepulcros en despliegue de melancolía. Guardan de los poderosos las cenizas Que duermen en la Vía Apia.
Capítulo 4: LAS CATACUMBAS --- Nada de luz, sino sólo tinieblas Que descubrían cuadros de angustia, Regiones de dolor, funestas sombras.
Capítulo 5: EL SECRETO DE LOS CRISTIANOS --- El misterio de la piedad, Dios manifestado en carne.
Capítulo 6: LA GRAN NUBE DE TESTIGOS --- Todos estos murieron en fe.
Capítulo 7: LA CONFESION DE FE --- Y también todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución.
Capítulo 8: LA VIDA EN LAS CATACUMBAS --- ¡Oh tinieblas, tinieblas, tinieblas al ardor del sol del medio día, Oscuridad irrevocable, eclipse total, Sin esperanza alguna de que venga el día!
Capítulo 9: LA PERSECUCION --- La paciencia os es necesaria, para que después que hayáis hecho la voluntad de Dios, recibáis la promesa.
Capítulo 10: LA CAPTURA --- La prueba de vuestra de obra paciencia.
Capítulo 11: LA OFRENDA --- Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.
Capítulo 12: EL JUICIO DE POLIO --- De la boca de los pequeñitos y de los que maman, perfeccionaste la alabanza.
Capítulo 13: LA MUERTE DE POLIO --- Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de vida.
Capítulo 14: LA TENTACION --- Todo esto te daré si postrado me adorares.
Capítulo 15: LUCULO --- La memoria del justo será bendita.

EL MARTIR DE LAS CATACUMBAS
Un Episodio de la Roma Antigua

PREFACIO

HACE MUCHOS AÑOS que fue publicada una historia anónima titulada El Mártir de las Catacumbas: Un episodio de la Roma antigua. Un ejemplar fue providencialmente rescatado de un barco de vela americano y encuentra en poder del hijo del Capitán Richard Roberts, quien comandaba aquella nave y tuvo que abandonarla en alta mar como consecuencia del desastroso huracán ocurrido en enero de 1876.
Cuidadosamente reimpresa, presentamos aquí aquella obra, habiendo sido celosamente fieles al original aun en su título. Sacamos a la luz esta edición, animados de la viva esperanza de que el Señor la haya de emplear para hacerles ver a los fieles que reflexionan, como también a los descuidados y desprevenidos y a sus descendientes en estos últimos días malos, este palpitante cuadro de cómo sufrieron los santos de los primeros tiempos por su fe en nuestro Señor Jesucristo, bajo una de las persecuciones más crueles de la Roma pagana, y que en un futuro no lejano se pueden repetir con la misma intensidad de la ira satánica, mediante el mismo Imperio Romano de inminente renacimiento.
Ojalá pueda despertar nuestra conciencia al hecho de que, si el Señor tarda en su venida, hemos de vernos en el imperativo de sufrir por El que voluntariamente tanto sufrió por nosotros.
La Biblia ya no ocupa el legítimo lugar que le corresponde en nuestros colegios y universidades; la oración familiar es un hábito perdido; nuestro Señor Jesucristo, el unigénito y bienamado Hijo del Dios viviente, es desacreditado y deshonrado precisamente en casa de aquellos que profesan ser sus amigos; el testimonio en corporación ha desaparecido de la tierra; no se obedece el llamado a Laodicea al arrepentimiento; y es así que la promesa del Señor de la comunión con El está librada sólo al individuo.
Y aun a nosotros en estos días puede alcanzarnos la promesa, a Smirna: "Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida."
La sangre de los mártires de Rusia y Alemania clama desde la tierra, cual admonición a los cristianos de todos los países.
Pero aún podemos arrancar de nuestras almas el clamor anhelante: "Ven, Señor Jesús; ven pronto."

Hartsdale, N. Y.Richard L. Roberts

LAS 95 TESIS DE MARTIN LUTERO

LAS 95 TESIS
DE
Martín Lutero
EQUIPO INTERNACIONAL E-SWORD
BIBLIOTECA HISPANA
Título: Las 95 tesisEditorial: Copyright: © Autor: Martín LuteroPropietario: Martín Lutero
Datos Generales del Módulo
Etiqueta: Las 95 tesisVersión: 2.
Compilador: Equipo Internacional e-Sword, B.H.
Última Revisión: 16 de Enero de 2010.
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Acerca de la Obra
En 1517 fray Martín Lutero envio al arzobispo de Magdeburgo, Alberto de Brandeburgo una carta pidiendo se pusiera fin a los abusos en la predicación de las indulgencias en la diócesis e instándole a una controversia sobre el tema. Adosaba sus 95 tesis sobre las indulgencias que aquí presentamos. En la carta el fraile agustino le decía al arzobispo:
«Perdóname, reverendísimo padre en Cristo y príncipe ilustrísimo, que yo, hez de los hombres, sea tan temerario, que me atreva a dirigir esta carta a la cumbre de tu sublimidad.... Bajo tu preclarísimo nombre se hacen circular indulgencias papales para la fábrica de San Pedro, en las cuales yo no denuncio las exclamaciones de los predicadores, pues o las he oído, sino que lamento las falsísimas ideas que concibe el pueblo por causa de ellos. A saber: que las infelices almas, si compran las letras de indulgencia, están seguras de su salvación eterna; ítem, que las almas vuelan del purgatorio apenas se deposita la contribución en la caja; además que son tan grandes los favores, que no hay pecado por enorme que sea, que no pueda ser perdonado aunque uno hubiera violado —hipótesis imposible— a la misma Madre de Dios; y que el hombre queda libre, por estas indulgencias, de toda pena y culpa. ¡Oh Dios Santo! Tal es la doctrina perniciosa que se da, Padre óptimo, a las almas encomenadas a tus cuidados. Y se hace cada vez más grave la cuenta que has de rendir de todo esto. Por eso, no pude por más tiempo callar.... ¿Qué hacer, excelentísmio prelado e ilustrísimo prícipe, sino rogar a tu Reverendísima Paternidad se digne mirar esto con ojos de paternal solicitud y suprimir el librito e imponer a los predicadores de las indulgencias otra forma de predicació, no sea que alguien se levante por fin, y con sus publicaciones los refute a ellos y a tu librito, con vituperio sumo de tu Alteza?... Desde Wittenberg 1517, en la vigilia de Todos los Santos. Martín Lutero, agustiniano, doctor en sagrada teología.»¿Cuál fue la situación concreta que motivó el escrito? Ya desde 1507 el Papa Julio II había concedido una indulgencia a quien colaborara con su limosna en la construcción de la nueva basílica de San Pedro. El Papa León X renovó dicha indulgencia en 1514. Pero lo que tal vez suscitó el malestar en Alemania fue el permiso otorgado a Alberto de Brandeburgo para predicar la misma indulgencia, solamente que con otros fines. El arzobispo había contraido una copiosa deuda con los conocidos banqueros Függer que le habían adelantado dinero para poder hacerse de una terecera diócesis, Maguncia. El dispositivo ideado para saldar la deuda fue que la mitad de las limosnas recogidas en la predicación de la indulgencia irían a parar a manos de los banqueros, y la otra mitad iría a las arcas de la Cámara Apostólica. Este hecho, sumado a una teología equivocada sobre los efectos de la indulgencia en los muertos (se decía en la predicación popular "No bien cae la limosna en el cestillo el alma sale del purgatorio"), inflamó a toda Alemania.
Datos Bibliográficos

LAS SESENTA Y SIETE CONCLUSIONES "DIOS"

LAS SESENTA Y SIETE CONCLUSIONES
por Ulrico Zuinglio
Yo, Ulrico Zuinglio, confieso haber predicado
en la muy noble ciudad de Zürich
los artículos y pensamientos
que luego pasaré a exponer.
Se basan en la Sagrada Escritura,
la «theopneustos», o sea, la inspirada por Dios.
Me ofrezco a defender dichos artículos
y estoy dispuesto a dejarme aleccionar
en el caso de que yo no haya
comprendido bien la Sagrada Escritura;
pero cualquier corrección que se me haga
ha de estar basada exclusivamente
en la Sagrada Escritura.
LAS SESENTA Y SIETE CONCLUSIONES
1. Yerran y ofenden a Dios todos los que dicen que nada vale el Evangelio si no es confirmado por la Iglesia.
2. He aquí resumido el Evangelio: Nuestro Señor Cristo Jesús, el verdadero Hijo de Dios, nos ha dado a conocer la voluntad de su Padre celestial y con su muerte inocente nos ha redimido y reconciliado con Dios.
3. Por eso es Cristo el único camino de salvación para todos los hombres que fueron, son y serán.
4. Cualquiera que busque o indique otra puerta yerra e incluso es un asesino de las almas y un ladrón.
5. Por consiguiente, todos cuantos enseñan falsas doctrinas diciendo que son iguales al Evangelio o que valen más que éste ignoran lo que es el Evangelio.
6. Porque Cristo Jesús es el jefe y capitán por Dios prometido a los hombres y por Dios enviado,
7. para que él fuese la salvación eterna y la cabeza de todos los creyentes. Estos son su cuerpo que, sin El, sería un cuerpo muerto, incapaz de emprender nada.
8. De aquí se colige:
Primero: Todos los que viven en Cristo como cabeza son sus miembros e hijos de Dios, o sea, la Iglesia o comunión de los santos, la esposa de Cristo, la «Ecclesia Catholica», es decir, universal.
9. Segundo: Así como los miembros corporales nada pueden si no son regidos por la cabeza, tampoco puede nadie nada si está en el cuerpo de Cristo sin su cabeza, que es Cristo.
10. Si ya actúan los hombres neciamente cuando sus miembros obran sin contar con la cabeza y en consecuencia se hieren entre sí y salen perjudicados, igualmente obran neciamente los miembros de Cristo si intentan emprender algo sin su cabeza: Cristo. Lo que hacen es herirse a sí mismos y sobrecargarse con leyes imprudentes.
11. De aquí procede el que veamos cómo los preceptos promulgados por gente que llamamos «clérigos», referentes a su boato, sus riquezas, su rango, sus títulos y leyes son la causa de toda necedad; porque no concuerdan con la cabeza.
12. Por eso obran neciamente, aunque no por causa de la cabeza (ya se realizan esfuerzos, mediante la gracia divina, para restablecer el valor de la cabeza), sino que decimos del obrar necio porque ya no estamos dispuestos a soportarlo, sino que deseamos escuchar solamente lo que la cabeza dice.
13. Oyéndola, se aprende a conocer la voluntad de Dios en forma clara y precisa, y gracias al Espíritu de Dios el hombre es atraído hacia Dios y transformado en EL.
14. Por esta razón todos los cristianos deberían poner su máxima atención en que en todo el mundo sea predicado únicamente el Evangelio.
15. Porque nuestra salvación consiste en creer en el Evangelio y, por el contrario, nuestra condenación consiste en la incredulidad. Y es que el Evangelio contiene claramente toda la verdad.
16. En el Evangelio y del Evangelio se aprende que las doctrinas y los preceptos humanos no ayudan en absoluto para salvación.
17. Cristo es el eterno y único Sumo Sacerdote. De esto colegimos que quienes se han proclamado «Sumos Sacerdotes» no solamente se oponen a la gloria y el poder de Cristo, sino que incluso le desechan.
18. Cristo se sacrificó a sí mismo una vez y su sacrificio vale eternamente como actuante y expiatorio y acontecido por los pecados de todos los creyentes. Esto permite reconocer que la misma misa no es ningún sacrificio, sino un memorial del sacrificio y, a la vez, la confirmación de la redención que Cristo ha realizado en bien nuestro.
19. Cristo es el único Mediador entre Dios y nosotros.
20. Dios quiere concedernos todas las cosas en el nombre de Cristo y de esto se deduce que tampoco necesitamos de otro Mediador en el Más Allá.
21. Si aquí, en este mundo, oramos los unos por los otros, lo hacemos confiando en que solamente por Cristo todo nos será concedido.
22. Cristo es nuestra justicia 1 y de ello colegimos que nuestras obras, siempre que sean buenas, es decir, realizadas en Cristo, son buenas obras; pero no lo son si las realizamos por cuenta propia.
23. Cristo dejó a un lado el provecho y las glorias de este mundo y de ello deducimos que aquellos que en nombre de Cristo atesoran riquezas, le perjudican sobremanera; porque le invocan como pretexto de su avaricia y arbitrariedad.
24. Como ningún cristiano está obligado a hacer obras no ordenadas por Dios, puede tomar en cualquier tiempo los alimentos que le plazcan. Y de esto deducimos que el permiso del gustar del queso y la mantequilla son un engaño papista.2
25. El cristiano no depende de fechas o lugares determinados, sino al contrario. Por consiguiente, quienes señalan fechas y lugares privan al cristiano de su libertad.
26. Lo que más desagrada a Dios es la hipocresía. Por lo tanto, todo cuanto el hombre haga para aparentar ser mejor que los demás es pura hipocresía y merece ser puesto en entredicho. En esto van incluidos los hábitos o ropajes, los signos (cruces, etcétera) cosidos a la vestimenta, la tonsura, etc.
27. Todos los cristianos son hermanos de Cristo y hermanos entre sí y ninguno debe considerarse superior a otros delante de Dios. Esto quiere decir que las Ordenes Religiosas, las sectas y los movimientos revolucionarios cristianos no tienen razón de ser.
28. Justo es todo lo que Dios ha permitido y no ha prohibido. Por consiguiente, el matrimonio es cosa lícita para todos los hombres.
29. y de aquí colegimos que aquellos que se denominan «clérigos» pecan si habiendo advertido que Dios no admite su continencia no la remedian casándose.
30. Quienes hacen voto de castidad realizan una promesa ingenua o neciamente. Y por eso los que tales votos hacen obran alevosamente para con los hombres piadosos.
31. La excomunión no puede ser dictada por una sola persona, sino por la Iglesia, es decir, por la comunión de aquellos con quienes convive el posible excomulgado juntamente con el que vigila, o sea, el pastor.
32. Solamente puede ser castigado con la excomunión quien cause escándalo pública y notoriamente.
33. Si alguien ha acumulado bienes de fortuna por medios injustos, dichos bienes no deben servir para beneficio de los templos, los conventos, los frailes o las monjas, sino que deben ser destinados a personas indigentes, o sea, necesitadas.
34. El boato que ostentan las «autoridades eclesiásticas», como suele decirse, no tiene ningún fundamento en la doctrina de Cristo;
35. pero, por el contrario, las autoridades civiles y seculares tienen poder y fundamento en la doctrina y los hechos de Cristo.
36. Ese poder autoritativo que pretende ejercer la autoridad eclesiástica le pertenece, en realidad, a las autoridades seculares, siempre que éstas sean cristianas.
37. Todos los cristianos sin excepción deben obediencia a la autoridad secular,
38. mientras ella no ordene cosas que vayan contra Dios.
39. Por eso, las leyes de la autoridad secular en su totalidad han de estar en conformidad con la voluntad de Dios, de modo que protejan al oprimido, aunque éste no levante la voz.
40. Solamente la autoridad civil tiene el derecho de condenar a muerte sin provocar la ira de Dios. Pero puede sentenciar a muerte únicamente a aquellos que pública y notoriamente escandalicen contra lo que Dios ha ordenado.
41. Si en forma justa la autoridad civil aconseja y ayuda, consejo y ayuda de que rendirá cuentas ante Dios, está también obligada a proporcionar el sustento corporal de quienes hayan sido por ella juzgados.
42. Mas si, por el contrario, las autoridades civiles actúan al margen de la regla de Cristo es la voluntad de Dios que sean destituidas.
43. Resumiendo: El mejor y más firme gobierno legislativo es el que rige conforme a la voluntad de Dios, mientras que el peor y más débil gobierno es el que actúa sólo conforme a su propio arbitrio.
44. Los verdaderos adoradores invocan a Dios en espíritu y en verdad sin jactarse delante de los hombres.
45. Los hipócritas realizan sus obras para que los hombres las vean; pero ahora ya reciben su recompensa.
46. Así pues, los cánticos en el templo y el predicar mucho, pero sin devoción y solamente para ganar dinero, son cosas hechas buscando la alabanza  de los hombres o por mero afán de lucro.
47. Todo hombre debe preferir dejarse matar antes que escandalizar al cristiano o hacerle caer en desgracia.
48. Si alguien por debilidad o ignorancia se siente escandalizado, no se le debe dejar en su debilidad o ignorancia, sino que es preciso fortalecerle, a fin de que no considere pecado lo que no es pecado.
49. El mayor escándalo que conozco es que se prohíba casarse a los clérigos y, en cambio, se les permita, si abonan dinero, tener trato con rameras.
50. Sola y exclusivamente Dios mismo perdona los pecados por Cristo Jesús, nuestro Señor.
51. Quien permita a la criatura humana perdonar pecados despoja a Dios de su gloria para dársela a lo que no es Dios. Esto es en el fondo pura idolatría.
52. De aquí que la confesión de los pecados hecha ante un sacerdote o simplemente ante el prójimo no deba considerarse como perdón de los pecados, sino como solicitar prudente y buen consejo.
53. Menos la excomunión, los actos de penitencia impuestos son consecuencia del juicio u opinión puramente humanos. Dichos actos tampoco borran los pecados, sino que solamente han de ser impuestos para que los demás se atemoricen.
54. Cristo ha soportado todos nuestros dolores y padecimientos. Quien atribuya a los actos de penitencia lo que sólo es de Cristo yerra y ofende a Dios.
55. Quien diga que al hombre arrepentido no le es perdonado este o aquel pecado; quien tal cosa diga no obra en lugar de Dios ni de Pedro, sino de Satanás.
56. Quien solamente por dinero perdone ciertos pecados hace causa común con Simón y Balaam y es un verdadero apóstol del diablo.
57. La verdadera Sagrada Escritura nada sabe de un Purgatorio después de la muerte.
58. El juzgar sobre los muertos le corresponde exclusivamente a Dios.
59. Cuanto menos Dios nos ha dado a conocer de estas cosas tanto más hemos de guardarnos de intentar saber algo acerca de ellas.
60. No considero sea malo el que una persona atribulada ruegue por los muertos la gracia de Dios. Pero determinar que se ruegue en determinada fecha y con afán de lucro no es humano, sino diabólico.
61. La Sagrada Escritura nada sabe de ese carácter especial que finalmente se han apropiado los sacerdotes.
62. La Sagrada Escritura tampoco reconoce otros sacerdotes fuera de aquellos que predican el Evangelio.
63. Acerca de estos últimos ordena que se les honre, o sea, que se les proporcione lo necesario para su sustento.
64. A todos cuantos reconozcan sus errores no hay que castigarles, sino dejarlos que vivan y mueran en paz, y por lo que respecta a los ingresos que como sacerdotes venían disfrutando, mírese esta cuestión con cristiana caridad.
65. Por lo que atañe a aquellos que no reconozcan sus errores, ya Dios los juzgará conforme a su justicia divina. En consecuencia, no deben aplicárseles castigos corporales, a no ser que se comporten tan desconsideradamente que no haya modo de tratarlos de otra forma.
66. Ahora ya han de humillarse todos los jerarcas eclesiásticos y levantar la cruz de Cristo en lugar de alzar el arca del dinero. Si así no lo hacen, se hundirán; porque el hacha ya está puesta junto a las raíces del árbol.
67. Si alguno desea discutir conmigo acerca de los intereses sobre el préstamo, el diezmo, los niños sin bautizar o la Confirmación, me ofrezco gustoso a dar respuesta. Pero que nadie intente discutir conmigo esgrimiendo argumentos sofísticos o aduciendo charlatanerías humanas, sino que de antemano reconozca la Sagrada Escritura por único juez, a fin de que se encuentre la verdad o se mantenga en pie, si, como espero, ya ha sido hallada. Amén.
¡Que Dios sea con nosotros!

Alabanzas Cristianas de Adoracion Mezcladas 1/1